9 lecciones vitales que puedes aprender con tan sólo subirte a un avión

Lecciones vitales, aprendizaje viajar

Entre la gente que viaja existe la creencia de que el simple hecho de viajar te abre la mente, te hace más tolerante y abierto a nuevas realidades. Yo, que soy bastante escéptica en estos temas (más de un cafre me he encontrado en mis viajes, incluyendo a algunos “viajeros habituales”), creo más que viajar te obliga a vivir nuevas experiencias y realidades, y que con este material cada uno confecciona un traje distinto.

Dicho esto, uno puede aprender mucho sobre el mundo que le rodea y sobre sí mismo viajando. Incluso si lo único que hace en toda su vida es subirse a un avión y volver. ¿No me crees? Sigue leyendo…

1.- La mejor opción no es (normalmente) la opción más evidente

En casi todas las facetas de la vida tendemos a usar un criterio base que nos ayuda a escoger qué es la mejor o la peor opción. En algunos casos es la cercanía, en otras la comodidad, en otros el sabor… En el caso de los vuelos ese criterio es, casi exclusivamente, el precio.

Sí, claro que puedes volar a Helsinki por cuatro duros (literalmente), pero ¿deberías? Cuando escoges un avión barato a las 6 de la mañana, tienes que sumarle el transporte al aeropuerto a esa hora (en muchos casos el transporte público es inexistente), las horas de sueño que pierdes, que no te sienten junto a tus compañeros de viaje, que el vuelo se retrase, que te cobren por escoger asiento, que los asientos sean de autobús regional, que el aeropuerto al que llegas esté donde Cristo perdió las chanclas y que no te dejen dormir en todo el vuelo porque “tenemos un sorteo mejor que la Lotería Española”.

Si sumas todos estos “gastos” al precio del billete, la mayoría de veces compensa escoger otra opción. Salvo que estés muy apretado de dinero y todo lo demás te sea irrelevante…

2.- No valen los puntos intermedios, tienes que tomar decisiones

Seguro que alguna vez te has encontrado en medio de una encrucijada y en lugar de apostar por una opción te has decantado por “el punto medio”. En términos aéreos ese punto es el asiento del medio.

Si te sientas en la ventanilla, podrás disfrutar las vistas, ver amanecer, dormir apoyándote en un lado y nadie te molestará para ir al baño. Si escoges pasillo, podrás estirar las piernas cuando no pasen con los carritos, levantarte todo lo que quieras y tu “espacio vital” será mayor. Si no escoges ni lo uno ni lo otro, te tocará en medio, la gente te molestará para ir al baño, no tendrás donde apoyar los brazos y terminarás durmiendo en el hombro de alguien que no conoces. #ahílodejo

3.- Es bueno confiar en la bondad de la gente, pero no esperes que solucionen tus “problemas”

La gente es mayoritariamente bondadosa, pero también somos muy pillos. Por eso me hace gracia que la gente se queje de que las low cost los sienten separados, cuando pagando 5€ más podrían escoger el asiento. Después ves todo tipo de tramas, peticiones y súplicas intentando que les cambien el asiento. Y, francamente solo funciona en un reducido número de casos.

¿Por qué? Porque volviendo al punto anterior, nadie quiere cambiar su asiento por un asiento intermedio, ni una ventanilla por un pasillo. Si a eso le añades que la gente viaja con equipaje de mano y cambiar de asiento supone tener el equipaje más lejos del asiento, que muchos han pagado para poder escoger y que por dos horas que paséis separados no pasará nada…

Yo, personalmente, solo cambio mi asiento cuando han separado a padres de hijos o a una persona muy mayor que no esté acostumbrada a viajar. Eso sí, cuando digo hijos me refiero a menores de 16 años, que hay padres muy obsesivos…

4.- Los idiomas abren puertas (literalmente)

No sé a vosotros, pero a mí me han dado la matraca con lo de los idiomas durante años, sin embargo no conozco a tanta gente que hable (bien) otros idiomas, ni siquiera en entornos profesionales. Hablar idiomas (especialmente el inglés) te facilita el moverte por los aeropuertos, darte a entender en los hoteles e incluso regatear en los mercadillos. Pero es más: también te capacita para sentarte en el asiento más codiciado del avión: la salida de emergencia.

Seguro que habéis oído últimamente la noticia de las señoras expulsadas de un vuelo de Vueling por hablar catalán. Más allá del trasfondo político del debate, la realidad aeronáutica es que si te sientas en la salida de emergencias tienes que poder seguir instrucciones (y responderlas) en inglés. O en el idioma oficial de la aerolínea, en el caso de Vueling en español.

¿Por qué? Porque las azafatas vienen de muchos sitios distintos y viajan a muchos sitios distintos, pero sólo están obligadas a hablar el idioma oficial y el inglés; aunque muchas veces hacen ímprobos esfuerzos por entendernos en lo que sea que estemos hablando. Es decir, que si vuelas con Qatar Airways, Swiss, British, etc. no esperes que te hablen en español, no tienen obligación de hacerlo. Sí tienen obligación de atenderte en inglés.

5.- Siempre hay que leer la letra pequeña (o no es oro todo lo que reluce)

Aceptamos todo tipo de ventajas y contratos sin fijarnos en las condiciones. Es más, mucha gente “mataría” por conseguir determinadas ventajas, como sentarse en la salida de emergencia.

Sí, en teoría es uno de los mejores asientos del avión: como está a la altura de las alas no se nota tanto el ruido, hay más espacio para las piernas y el personal del vuelo está más pendiente de ti. Pero lo que no te dicen es que no puedes llevar el bolso contigo, ni una chaqueta, ni una manta, ni nada de nada durante el despegue y el aterrizaje. Tampoco deberías ponerte cascos, porque impedirían que oyeses los avisos de emergencia. Y tienes que atender a la explicación de los chalecos, aunque creas sabértela de memoria. Además, tienes que entender inglés, eres el responsable de la evacuación del avión a través de esa puerta…

Yo, que soy más bien raruna, siempre pido que me cambien de asiento cuando me dan el de emergencia. Y no, no les suele gustar a los asistentes de vuelo que les toque las narices con esto. Pero es que no me gusta que me estrujen la cámara y/o el portátil en los compartimentos de equipajes si los puedo llevar conmigo.

6. Las leyendas urbanas son eso, leyendas urbanas

Seguro que habéis oído alguna vez que, si vas vestida de punta en blanco y le sonríes a la persona de facturación, te pueden subir de categoría. Ya, sí, seguro.

Que no quiere decir que alguna vez no suceda, pero cada vez sucede menos y no es por sonreir, es por el overbooking y una alineación especial de los astros que hace que la persona en cuestión te vea apta para un ascenso (generalmente relacionado con los puntos de tu tarjeta de fidelización.)  En resumen, que terminas llevando taconazo y vestido para un vuelo de 10 horas y acabas estrujado en clase turista y echando de menos esos pantalones flojos que te permitirían dormir a pierna suelta.

Vamos, que es mejor que pongas de tu parte, planificando, reservando con tiempo, buscando ofertas, si lo que quieres es viajar en otra categoría.

7.- Es importante planificar, sabiendo que muchas veces no saldrá como lo has planificado

Los americanos usan la frase “expect the best, prepare for the worst”. Suena muy trascendente, pero en realidad es aplicable a muchas situaciones de la vida real.

Te pasas semanas organizando los trasbordos de tu viaje y decides llevar equipaje de mano, la noche anterior al vuelo intentando hacer una maleta que pese menos de 10 kilos y poniendo los líquidos en una ridícula bolsita de plástico… pero llegas a la puerta de embarque y envían tu maleta a la bodega. Gratis, eso sí, pero ya te han fastidiado la logística y puede que pierdas el siguiente vuelo.

No es el único caso. Puede haber tormentas, ponerse un piloto enfermo, hasta puedes dejarte olvidado el pasaporte en el avión anterior… Casi todo se puede solucionar y haberte planteado que pueda suceder te ayudará a enfrentar estas situaciones con más calma y con mejores resultados. En el resto, pon una reclamación y respira…

8.- Si quieres ganar algo tienes que estar dispuesto a “pagar” algo

Casi todas las semanas alguien me pregunta cómo hacer esto o aquello “gratis”. Pero si lo que quieres son mejores resultados u obtenerlos más rápido, en el 99% de los casos vas a tener que estar dispuesto a invertir tiempo o dinero. Es una máxima de los negocios que no todo el mundo, sobre todo cuando empieza, comprende.

Hace poco me comentaba un conocido que no se había dado de alta en la tarjeta de no-se-que-aerolínea porque no solía viajar con ellos y porque “pasaba de dar datos personales”. No es el único. Cada vez hay menos gente dispuesta a “casarse” con una compañía.

¡Error! Además de los puntos (que de vez en cuando sirven para algo), llevar una tarjeta de fidelización de una aerolínea (o del grupo al que pertenece) suele tener ventajas ocultas, como que te asignen automáticamente tu asiento “favorito”, que tengas derecho a más equipaje o que tengas prioridad para subir al avión. Claro que también puedes pagar más para conseguir un mejor asiento o llevar más equipaje contigo sin cederle datos a la aerolínea…

9.- Para poder ayudar a los demás, tienes que empezar preocupándote por tí

Es bastante común encontrar a gente dedicada en cuerpo y alma a ayudar a los demás, pero que nunca tienen tiempo para sí mismos. Terminan destrozados física y anímicamente.

Sin embargo, una de las primeras cosas que te dicen al subir en un avión es que “en caso de despresurización de la cabina” tienes que ponerte tú la mascarilla y después ayudar a los demás (niños o no) a hacerlo. ¿Por qué? Porque sin el oxígeno extra tienes muy poco tiempo de reacción antes de perder la consciencia y si le pones la mascarilla primero al niño, ¿quién te la va a poner a tí? Ídem con los chalecos salvavidas. ¿No crees que se puede extrapolar a un montón de situaciones más?

Y tú, ¿qué has aprendido viajando?

que te enseña viajar

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